viernes, 29 de septiembre de 2017

RESISTENCIA CONTRA EL FRANQUISMO




¿Con qué legitimidad el Estado Español aplica sus leyes cuando ha dejado impune el genocidio franquista?

Pedro Taracena Gil




La necesaria movilización de las fuerzas democráticas frente a los herederos del franquismo

 








Vicenç Navarro

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra
El coste de la desmemoria histórica

La escasa recuperación de la Memoria Histórica en los círculos políticos, mediáticos e incluso académicos españoles explica que no se haya corregido la tergiversada historia de este país, tergiversación que continúa dominando el relato del pasado y del presente. No hay plena conciencia ni hay pleno reconocimiento, por ejemplo, de que la Guerra Civil fue un golpe militar contra un sistema democrático gobernado por unas fuerzas políticas promotoras de reformas urgentes y necesarias que estaban afectando los intereses de las clases privilegiadas y dominantes que, siendo una minoría de la población, necesitaron de una enorme y cruel represión frente a la mayoría de la población, que eran las clases populares. De no ser por la enorme resistencia popular en la mayor parte de los territorios españoles, aquel golpe militar se hubiera impuesto en cuestión de dos o tres meses. Pero a pesar de la ayuda de las tropas nazis alemanas y fascistas italianas, y de la escasa ayuda militar que el gobierno republicano recibió de los supuestamente democráticos gobiernos occidentales (temerosos estos de que las reformas altamente populares del Frente Popular contaminaran a sus propias clases populares), no pudieron conseguir someter a la mayoría de la población hasta tres años más tarde, estableciendo uno de los regímenes más represivos, crueles y terroristas (es decir, que el terror era una política del Estado) que hayan existido en Europa durante el siglo XX. Nunca hay que olvidar que por cada asesinato que cometió Mussolini, el régimen de Franco cometió diez mil.
La Guerra Civil fue una lucha de clases. Pero también fue una lucha de dos visiones de lo que es España 
No hay duda de que la Guerra Civil fue una lucha de clases, de las oligarquías y de las burguesías en contra de la clase trabajadora de los distintos pueblos y naciones de España. Los vencedores de aquella lucha de clases establecieron el Estado dictatorial, y, cuarenta años más tarde, fueron las fuerzas dominantes en la transición de la dictadura a la democracia, definida erróneamente como modélica. Y digo erróneamente porque el desequilibrio de fuerzas en aquel proceso fue tan grande a favor de los vencedores de la Guerra Civil y en contra de los vencidos (las izquierdas que lideraban las fuerzas democráticas) que era imposible que el resultado de aquella transición fuera modélico. Su producto, la democracia española, era y continúa siendo enormemente limitada y el Estado del Bienestar fue y continúa siendo muy insuficiente. Los datos que avalan tal observación están ahí para el que quiera verlos. Los muestro en mis libros (ver Bienestar insuficiente, democracia incompleta. De lo que no se habla en nuestro país. Anagrama, 2002; y El subdesarrollo social de España: causas y consecuencias. Anagrama, 2006). 
Ahora bien, hay otra parte de la desmemoria histórica que está incluso más ocultada. Es poco conocido hoy en España que además de la lucha de clases que apareció en la mayoría de los pueblos y naciones de España, hubo otra lucha que se sintió con especial énfasis en las naciones “periféricas”, como Catalunya y el País Vasco (y también en Galicia). La represión en contra de la cultura e identidad nacional en Catalunya fue una característica de aquel golpe militar y del régimen que estableció. Puedo dar constancia de ello, como catalán que soy. No soy muy dado a referirme a experiencias personales, pero me permito hacer una excepción en este artículo en mi intento de explicar una dimensión poco conocida del pasado de nuestro país a mis amigos al sur del Ebro, a quien está dirigido predominantemente este artículo. Cuando yo era un niño, alrededor de los 10-11 años, un gris (la policía franquista) en Barcelona se molestó por dirigirme a él, en la calle, en catalán –mi lengua materna- diciéndome “no hables como un perro, habla como un cristiano”. Recuerdo bien la frase, a la que respondí escupiéndole en la cara. Además de la paliza y el bofetón que me dio, me llevó al cuartelillo de la policía, desde donde llamaron a mis padres, maestros republicanos que fueron brutalmente represaliados por su apoyo a las reformas educativas de la República y a la Generalitat de Catalunya (ver Una breve historia personal de nuestro país. biografía de Vicenç Navarro, en www.vnavarro.org). Mi padre me acarició la cabeza, y hablando para sí mismo dijo “Tan jove, ja” (tan  joven, ya), y mi madre, delante de los grises, me dio uno de los besos más grandes y más políticos que una madre haya dado a su hijo en Catalunya, mostrando lo enormemente orgullosa que estaba de mí.
En muchas partes de España parece no conocerse que siempre ha habido en Catalunya un sentimiento de identidad que no tiene por qué ser excluyente o insolidario. Es cierto que este sentimiento puede lamentablemente traducirse en un nacionalismo excluyente. Así pasó con Jordi Pujol, el mayor punto de referencia político del nacionalismo catalanista conservador, cuando escribía que los “inmigrantes” murcianos y andaluces que venía a trabajar a Catalunya (a los que la burguesía catalana y los nacionalistas pujolianos llamaban “charnegos”) tenían una capacidad intelectual inferior a la de los catalanes. Ahora bien, siempre hubo otro sentimiento identitario solidario característico de las izquierdas catalanas, opuesto al anterior. En el mismo periodo que Jordi Pujol promovía aquel nacionalismo, yo escogí ser médico de los “charnegos” en el barrio más pobre de Barcelona, el Somorrostro. La resistencia antifascista que se había infiltrado en el sindicato fascista, el SEU, fundó el SUT (el Servicio Universitario del Trabajo), que había establecido el único centro sanitario en aquel barrio y cuyos habitantes representaban la clase trabajadora venida de otras parte de España que estaba construyendo el país y luchando, muchos de ellos, en la resistencia antifascista. Las izquierdas catalanas siempre vimos que la lucha social y la lucha por la recuperación de la identidad catalana estaban unidas, pues la causa de su opresión era la misma: el Estado fascista. Y esta diversidad de identidades regionales y nacionales era la riqueza del país. Nuestro deseo era que tal diversidad quedara reflejada en la configuración del Estado cuando se estableciera la democracia.
La España plurinacional fue siempre la visión preferente dentro de las izquierdas catalanas y españolas
La tergiversada historia de España, heredada de la dictadura, ha ocultado que siempre ha habido dos versiones de España. Una, la uninacional, de las derechas españolas, cuya máxima expresión se dio durante el fascismo. Esta visión de España es la visión de los vencedores de la Guerra Civil. Pero la de los vencidos era la visión plurinacional y pluri-identitaria, característica de las izquierdas. No se conoce en España que tanto el PSOE como el PCE, durante la resistencia antifascista, tenían en su programa el reconocimiento de dicha plurinacionalidad, garantizada por el derecho de decisión o autodeterminación, que aseguraba que la deseada unión de España estuviera basada en la voluntad de las distintas regiones y naciones de España, en lugar de estar unidas por la fuerza, tal como exige la actual Constitución Española, que asigna nada menos que al Ejercito la función de asegurar tal unión (cláusula impuesta por el Monarca y el Ejército en el redactado de la Constitución). En esta última versión, la uninacional, se consideraba a la visión plurinacional como la anti-España, siendo brutalmente reprimida por el régimen dictatorial, y todavía ocultada o discriminada durante el régimen del 78 iniciado en la inmodélica transición, como resultado de la pervivencia de la cultura franquista, todavía muy extendida en los aparatos del Estado español, incluyendo su judicatura y sus órganos de seguridad.
La represión fascista contra los que la dictadura definió como rojos y separatistas
La mayor represión fruto del golpe militar fascista y del régimen que le siguió fue dirigida a los que fueron definidos como rojos y separatistas, categorías que incluían en Catalunya a aquellas personas que habían luchado por una España justa, libre y democrática (a las que definían como rojos), y a aquellas personas que luchaban por una España plurinacional (a las que definían como separatistas). Y lo peor de esta represión era que a uno se le definiera como rojo y separatista, como lo fue gran parte de mi familia, incluyendo mi padre, al que se le supuso separatista por haber sido secretario de la Asociación en Defensa de la República Catalana en la Federación Española. Mi padre era federalista, no secesionista. Y amaba profundamente a España y a Catalunya. Era valenciano de origen y maestro ilusionado, junto con mi madre, también maestra ilusionada, con las reformas docentes realizadas por la Generalitat de Catalunya y por la II República. Que los considerasen a ellos, mis padres (y mis tíos y tías que tuvieron que dejar España y más tarde luchar contra el nazismo en la Francia ocupada) como anti-España, es absurdo y ofensivo en extremo, pues lucharon y dieron lo mejor de su vida por otra España diferente a la España monárquica borbónica, centrada en la capital del Reino, Madrid (que no tenía nada que ver con el Madrid popular), radial, jerárquica, corrupta e injusta. Su España era republicana, democrática, justa y plurinacional. Pero para los “nacionales” (así se definían a sí mismas las fuerzas fascistas), los que apoyaban la otra visión de España eran antiespañoles. Para ellos, separatistas eran todos aquellos que no compartían su visión uninacional. El president Companys (al que los fascistas fusilaron), que había sido director de una revista titulada Nueva España, y que fue Ministro del gobierno español republicano, era un federalista, no un secesionista. Y sorprenderá también a muchos lectores saber que los mártires y héroes cuya vida y muerte se homenajea el día nacional de Catalunya, el 11 de septiembre, por defender los derechos de Catalunya frente a Felipe V, de la realeza borbónica, también luchaban por el bien de España, dato que las derechas nacionalistas españolistas y los independentistas siempre ocultan en su historia tergiversada de España. Cito textualmente las palabras del General Villarroel, que dirigió a los luchadores que se enfrentaron a las fuerzas borbónicas que los derrotaron, eliminando los derechos de la nación catalana: “Señores, hijos y hermanos: hoy es el día en que se han de acordar del valor y gloriosas acciones que en todos tiempos ha ejecutado nuestra nación. No diga la malicia o la envidia que no somos dignos de ser catalanes e hijos legítimos de nuestros mayores. ¡Por nosotros y POR LA NACIÓN ESPAÑOLA PELEAMOS! Hoy es el día de morir o vencer” (el original no está en mayúsculas, las añado para que se pueda leer bien). Queda claro que los héroes masacrados por las tropas borbónicas luchaban por otra visión de España, claramente plurinacional, cuya memoria es recordada el 11 de septiembre, la Fiesta Nacional de Catalunya. El Día Nacional en la primera versión de España –la uninacional borbónica- es el día de la Raza (tal como se llamaba) en el que se celebra la victoria y conquista de un nuevo continente. En Catalunya, sin embargo, el Día Nacional es un homenaje a los derrotados defendiendo otra visión de Catalunya y de España.
El renacer del plurinacionalismo
Esta visión plurinacional ha continuado viva en las izquierdas catalanas durante la época democrática. Fue precisamente un gobierno de izquierdas -el gobierno tripartito del socialista Pasqual Maragall- el que preparó el Estatut de Catalunya que fue vetado, después de ser aprobado por el Parlament de Catalunya, por las Cortes Españolas y refrendado por la población en Catalunya, por el Tribunal Constitucional (TC), controlado por el PP. Tal veto (de partes esenciales de aquel Estatut, como considerar a Catalunya como una nación) y la pasividad del PSOE han creado la situación actual. La derecha española en general, y el PP en particular, han sido una fábrica de independentistas. El nacionalismo españolista y su versión y expresión uninacional son la mayor causa del crecimiento del independentismo.
Dicho esto, me niego a creer que el gobierno Rajoy esté aplicando claras políticas represivas que están incrementando el independentismo como resultado de su incompetencia, como algunas voces de izquierdas están indicando. El Sr. Rajoy encaja perfectamente en el molde extremista del nacionalismo uninacional heredado del franquismo. Cree, como también creen muchas personas de derechas, e incluso de izquierdas, que los partidos independentistas son los responsables de haber creado este enorme movimiento en Catalunya, sin querer darse cuenta de que la realidad es precisamente lo contrario. Ha sido el hecho de ver desoídas las justas demandas de redefinición de España lo que ha convertido el deseo de reconocimiento en un deseo de separación. Y el hecho de que la visión uninacional sea todavía la dominante en España, en parte debido a la renuncia por parte de las izquierdas tradicionales de su visión plurinacional, explica el comportamiento electoralista de Rajoy, totalmente comprensible desde el punto de vista electoral, pues lo beneficia a nivel de votos.
La demanda por un referéndum
En Catalunya, según las encuestas, la mayoría favorece una consulta o un referéndum sobre si Catalunya debería separarse o  no de España. Tal apoyo va (según la encuesta) de un 70 a un 80%. Sin embargo, la mayoría no es favorable a la independencia. La prohibición del “referéndum” por parte del Estado y del gobierno Rajoy, consecuente con su historia de falta de sensibilidad hacia las peticiones provenientes de Catalunya, ha generado una gran protesta, claramente instrumentalizada por los partidos independentistas que gobiernan Catalunya, que han utilizado a su vez métodos sectarios y antidemocráticos en su instrumentalización del referéndum, el cual se ha transformado más en un plebiscito de apoyo a la independencia que en un auténtico proceso de debate democrático sobre los méritos o deméritos de tal opción, libremente expresados en los medios públicos de la Generalitat. En realidad, tales medios han sido meros instrumentos independentistas.
Esto ha dado pie a desarrollar una enorme represión contra las instituciones de la Generalitat de Catalunya que está siendo llevada a cabo por los aparatos del Estado uninacional (el judicial y el policial) bajo el gobierno Rajoy, represión que están afectando los derechos políticos y civiles de toda la población mediante medidas que, como han  indicado varios juristas y constitucionalistas de conocido prestigio (como el Sr. José Antonio Martín Pallín, fiscal y magistrado emérito del Tribunal Supremo, el Sr. Baltasar Garzón o el profesor Javier Pérez Royo), son ilegales.
Crítica a algunas respuestas de sectores de izquierdas
Ante esta situación es sorprendente el silencio de la intelectualidad española. Me parece bien que unas personas de izquierdas publicaran en El País (hoy uno de los diarios más hostiles a la transformación social y nacional de España) una carta indicando que el referéndum no es un referéndum. Debo ser una de las personas en Catalunya que ha sido más crítica con Junts Pel Sí y su mal llamado referéndum. Ahora bien, me parece muy mal que no critiquen la continua y agresiva intervención del Estado, tanto por parte del gobierno como por parte de los aparatos del Estado, dirigidos por un coronel de la Guardia Civil, procedente de una familia de Fuerza Nueva y hermano de un ex miembro del TC, hecho ampliamente conocido en Catalunya. El sistema judicial y constitucional español dista mucho de ser el sistema democrático que el país tendría si hubiera habido una ruptura con el Estado anterior. Y lo mismo ocurre con las fuerzas de seguridad. Es preocupante que miembros de la Guardia Civil saludaran a miembros de la ultraderecha que los vitoreaban cuando estaban reprimiendo manifestaciones totalmente pacíficas y no violentas. Hemos visto estos días la llegada a Barcelona de grupos civiles fascistas que están intentando agredir a la población, que se está manifestando pacíficamente. Estos mismos grupos fascistas rodearon el centro de Zaragoza, donde fuerzas democráticas estaban reunidas para realizar un acto político que pudiera contribuir a resolver uno de los mayores problemas que hoy existen en España. No ha habido ninguna detención de miembros de dichos grupos. Y los políticos que acudieron al acto tuvieron que encerrarse en el lugar donde éste se realizaba. 
La llamada a la movilización democrática
Cualquier persona democrática, sea o no catalana, consciente de la historia real y no tergiversada del país, necesita movilizarse y decir NO a esta ocupación de Catalunya por los aparatos del Estado central, dirigidos por un gobierno corrupto que utiliza el Estado y sus aparatos de represión para fines partidistas y personales. Escribir ahora diciendo que el referéndum propuesto por la Generalitat de Catalunya no es legal me parece insuficiente. Lo que estamos viendo hoy es la movilización de las fuerzas herederas del fascismo, los súper patriotas de siempre, que están, como también hicieron en el 36, recurriendo a una represión que (por desgracia y como resultado de la insuficiente recuperación de la memoria histórica está contando con la simpatía de amplios sectores de la población española), reforzando así su dominio sobre España y su Estado. La victoria de Rajoy en su enfrentamiento con la Generalitat de Catalunya (conseguida, una vez más, con la pasividad del PSOE) debilitará enormemente a las fuerzas democráticas en España. De ahí la importancia de las fuerzas españolas que se reunieron en Zaragoza representando esa otra España, la plurinacional, sin la cual será también imposible resolver el gran problema social creado a su vez por el mismo Estado uninacional (también con la pasividad del PSOE). La democracia en España está en peligro y el máximo responsable de ello es la persistencia de la cultura franquista en el Estado español.
El movimiento democrático iniciado en Catalunya que debería extenderse al resto de España 
La represión ha movilizado a la mayoría de las asociaciones progresistas de la sociedad civil, desde los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT, hasta los movimientos vecinales, asociaciones de pequeños empresarios, clubs de fútbol, etc. que se están organizando para oponerse a tanta represión. La gran mayoría de dichas asociaciones no son independentistas, pero se sienten ofendidas por la brutal represión que está hoy teniendo lugar en Catalunya. Y un elemento muy importante es que se ha diluido el protagonismo que los partidos independentistas y los movimientos afines como la ANC y OMNIUM CULTURAL han tenido hasta ahora, dirigiendo las movilizaciones. Los sindicatos son las asociaciones civiles más grandes de Catalunya, y  junto con la clase trabajadora, que no es independentista y no se movilizó en las campañas independentistas, se están ahora movilizando para defender las instituciones catalanas y la democracia. Es significativo que los trabajadores del puerto no estén abasteciendo a los barcos que han utilizado las tropas enviadas a Catalunya para ocuparla. El movimiento pro-independentista grande, pero no mayoritario, se está ampliando en un movimiento más grande a favor de la democracia, de las instituciones catalanas y de la plurinacionalidad de España. Hoy, significativamente reunidos en el Museo de Historia de Catalunya, han aprobado un manifiesto en el que se convoca a la sociedad civil catalana a defender la democracia en Catalunya, violada ahora por el intervencionismo judicial y político del Estado español. Por el bien de Catalunya y de España es importante que se haga esta movilización de todas las fuerzas democráticas en contra de las políticas antidemocráticas y represoras que están siguiendo los herederos de la dictadura que oprimió tanto a las clases populares de los distintos pueblos y naciones de España.

Editor: Pedro Taracena Gil




PÚBLICO VINCENÇ NAVARRO 




martes, 12 de septiembre de 2017

QUÉ PASA EN CATALUNYA

Por Vicenç Navarro
 

¿Qué pasa en Catalunya?: lo que no se dice en los medios, ni en Catalunya ni en España



VICENÇ NAVARRO
 
Autor del libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante
Como mostré recientemente en un artículo presentado en este rotativo (“El mayor problema que tiene Catalunya del cual no se habla: la crisis social”, Público, 30.06.17), la crisis social en Catalunya ha adquirido unas proporciones dramáticas, desconocidas antes durante el periodo democrático. Nunca antes, desde que la democracia se restableció en 1978, las clases populares catalanas habían visto su calidad de vida y bienestar deteriorarse de una manera tan acentuada como ha ocurrido durante los años de crisis económica y financiera conocidos como la Gran Recesión. El desempleo, la baja tasa de ocupación, la precariedad en el trabajo, el descenso de los salarios y el empeoramiento de las condiciones de trabajo caracterizan el mercado de trabajo catalán, afectando muy negativamente el nivel de vida de las clases populares, que representan la mayoría de la población en Catalunya. Tales condiciones están teniendo un impacto devastador entre la juventud, que está perdiendo la esperanza de tener un mundo mejor que el de sus padres. Sus ingresos en términos proporcionales son menores (en su capacidad adquisitiva) que los que sus padres tenían a su edad, determinando con ello un descenso generacional en su estándar de vida.
Esta enorme crisis, resultado del gran deterioro del mercado de trabajo, que ha tenido un efecto devastador en la calidad de vida de las clases populares, ha ido acompañada de unos recortes de los fondos públicos disponibles para financiar las trasferencias y los servicios públicos del Estado del Bienestar en Catalunya (tales como sanidad, educación, servicios sociales, vivienda social, escuelas de infancia –mal llamadas guarderías-, servicios domiciliarios, servicios y transferencias para la prevención de la pobreza y de la exclusión social, entre otros). En realidad, los recortes del gasto público social, que incluye el gasto en tales transferencias y servicios públicos, realizados por el gobierno de la Generalitat de Catalunya han sido de los más acentuados en España y en la Unión Europea de los Quince (UE-15), el grupo de países de la UE de semejante nivel de desarrollo económico al existente en Catalunya y en el resto de España.
Es muy importante señalar que estos recortes se han hecho por el gobierno catalán en unas transferencias y servicios públicos del Estado del Bienestar que estaban ya muy poco financiados, con lo cual, tales recortes han tenido un impacto muy negativo en dichas transferencias y servicios, permaneciendo, como consecuencia de ello, entre los Estados del Bienestar menos financiados en España y en la UE-15, muy por debajo de lo que la economía catalana permitiría (ya antes de la crisis Catalunya tenía un gasto social de casi 20.000 millones de euros menos de lo que le correspondía por su nivel de riqueza).

¿Por qué este subdesarrollo social y esta crisis social?

Una de las respuestas más frecuentes a estas preguntas en el establishment político-mediático catalán es que tal subdesarrollo social (siendo el gasto público social en Catalunya uno de los más bajos de la UE-15) y tal crisis social (unos de los recortes de gasto público social más acentuados y uno de los niveles de desempleo y precariedad más altos de la UE-15), con uno de los niveles salariales más bajos de tal comunidad europea, es resultado de la articulación de Catalunya dentro del Estado español. La culpa de todo ello es del Estado central. Esta externalización de responsabilidades es muy común en la cultura existente en el territorio ibérico. El gobierno español justifica la aplicación (e imposición) de políticas altamente impopulares indicando que no tiene otras alternativas, pues así se lo instruyen Bruselas, o Frankfurt o lo que sea. Y en Barcelona, el gobierno de la Generalitat de Catalunya añade, además de Bruselas y Frankfurt, Madrid.
Esta explicación pasa de puntillas y deliberadamente oculta una de las mayores causas del subdesarrollo social de Catalunya y de la enorme crisis social en la que esta se encuentra, y que es ni más ni menos que el enorme dominio que las derechas (partidos conservadores y liberales) han tenido en las instituciones económicas, financieras, mediáticas y representativas de Catalunya durante todo el periodo democrático. La coalición de un partido de derechas perteneciente a la familia liberal europea, Convergència Democràtica de Catalunya, CDC, y de un partido de derechas perteneciente a la familia conservadora democratacristiana, Unió Democrática de Catalunya, UDC, ha gobernado Catalunya durante la mayor parte de tal periodo. En realidad, Catalunya ha estado gobernada 30 de 37 años por las derechas, es decir, 9 de 11 legislaturas, mostrando la gran hegemonía de las derechas (solo superada en España por Galicia y Castilla y León, gobernadas por el PP, y el País Vasco, gobernado por el PNV).
Dentro de esta coalición gobernante en Catalunya ahora, CDC (ahora llamada PDeCAT) ha sido la fuerza hegemónica. Y esta fuerza política continúa ahora siendo hegemónica en la mayoría de los aparatos de la Generalitat de Catalunya, presididos por el Sr. Carles Puigdemont, dirigente del PDeCAT, partido que es a su vez presidido por el ex presidente Artur Mas. Es cierto que la coalición Junts Pel Sí incluye, además de CDC, primordialmente a ERC (un partido hoy independentista), así como personas independientes no afiliadas a ningún partido. Pero la herencia de 30 años de ideología nacionalista conservadora es todavía clara en la cultura política promovida por la Generalitat de Catalunya. Ni que decir tiene que ERC es un partido amplio de sensibilidades políticas diferentes, incluyendo la izquierda, unidas todas ellas por un compromiso por la independencia, ideología que respeto y que es totalmente legítima, aunque yo no la comparta, aclarando que no me opondría a ella, naturalmente, si ello fuera el deseo de la mayoría de la población en Catalunya, lo cual es obvio que no se da en la situación actual. Dicha aclaración no diluye mi percepción de que el movimiento independentista esta hoy institucionalmente dirigido por el gobierno de Junts Pel Sí, coalición dentro de la cual el PDeCAT es la primera fuerza. De ahí que es importante que se informe sobre qué es CDC y su sucesor, el PDeCAT, lo cual no puede reducirse a una mera definición de ser un partido nacionalista conservador, ahora pro independencia.

Los herederos del pujolismo, ideología y modus operandi que continúa

Para entender Catalunya, hay que conocer a dicho partido, CDC, fundado por Jordi Pujol y que ha sido el eje del pujolismo, una ideología nacionalista conservadora que siempre ha considerado la Generalitat de Catalunya como su propiedad individual, familiar y colectiva, extendiendo su influencia a través de unas políticas de tipo clientelar, con prácticas intensamente corruptas. Era, y continúa siendo, la versión catalana del caciquismo en su expresión más primaria. En realidad, tiene grandes semejanzas con el Partido Popular en el resto de España. Ambos eran y son partidos nacionalistas  (españolista el PP, y catalanista CDC) y patrimonialistas (que consideran el Estado que gestionan como suyo). Es lo que Pablo Iglesias ha definido acertadamente como nacionalpatrimonialismo. Su largo dominio en el gobierno se debe a su claro encaje en la estructura de poder económico, financiero y mediático del país. Su dominio sobre los medios públicos de información de la Generalitat es casi absoluto. E influencia también en gran manera a los privados a base de subvenciones amplias (a modo de ejemplo, en 2015 la Generalitat de Catalunya otorgó 810.719 euros a La Vanguardia; 463.987 a El Periódico de Catalunya; El Punt Avui recibió 457.496; y el diario Ara, 313.495 euros). En consonancia con esta práctica, ya ha amenazado a los medios de comunicación con no proveer de tal subsidio en caso de que no promuevan su ideario a raíz del mal llamado referéndum. En TV3, sus programas económicos son de orientación ultraliberal, los cuales son conducidos por uno de los gurús económicos de CDC y sectores de ERC, el economista Sala i Martín, economista catalán, de nacionalidad estadounidense, que apoya en EEUU al Partido Libertario, un partido de ultraderecha que tiene gran influencia hoy en el Partido Republicano de aquel país. Es más que probable que el Ministro de Economía y Finanzas de la Catalunya independiente gobernada por una coalición liderada por el PDeCAT fuese tal personaje, o alguien próximo a él en su orientación política.

Las complicidades del establishment político-mediático catalán con el establishment político-mediático español

El nacionalpatrimonialismo pujolista continúa ejerciendo gran influencia en las instituciones de la Generalitat, y a través de estas, la vida intelectual política y mediática de Catalunya. Su partido ha sido uno de los mayores instrumentos políticos responsables de la aplicación de las políticas públicas neoliberales causantes del subdesarrollo social en Catalunya (incluyendo el resto de España), y de la crisis social creada por la Gran Recesión. CDC apoyó las reformas laborales del PSOE y del PP que causaron el deterioro del mercado de trabajo, así como la austeridad del gasto público que guió los recortes al Estado del Bienestar, y todo ello de una manera coherente con su ideología liberal (bien explicada por el Sr. Sala i Martín en su programa de TV3).

Las consecuencias del neoliberalismo

Como resultado de la aplicación de tales políticas, las rentas del trabajo en Catalunya han descendido, pasando de ser un 50% a un 46% de todas las rentas, durante el periodo de la crisis, 2008-2016, mientras que las rentas del capital han aumentado, pasando de un 42% a un 45% durante el mismo periodo. Que ello pasaría era entonces fácilmente predecible, como denuncié en su día. Como también era predecible, se ha producido un gran crecimiento de las desigualdades, que se han disparado, habiéndose incrementado la distancia entre el 20% de la población más rica y el 20% más pobre de 5 a 6 veces durante el mismo periodo. Estas políticas neoliberales se han hecho en colaboración con el PP, estableciéndose una complicidad no solo en las áreas económicas y sociales, sino también en las políticas, complicidades que han permitido el control por parte del PP de las Cortes Españolas, cuya presidenta, Ana Pastor, fue elegida con el apoyo de CDC, y cuya abstención en la moción de censura contra el gobierno del PP contribuyó a mantener al “supuestamente odiado” Rajoy en el poder. Los intereses de clase siempre toman prioridad sobre los intereses de nación en las derechas nacionalistas catalanas, para las cuales el mayor enemigo son las nuevas izquierdas. Y lo que pasa en los pasillos de las Cortes Española es un claro ejemplo de ello.

El silencio mediático sobre las causas de la enorme crisis social catalana

Como era de esperar, de todo esto no se habla o se escribe hoy en Catalunya. Este es el gran éxito del establishment político-mediático hegemonizado por los herederos del pujolismo, y ello con la ayuda de grandes sectores de la intelectualidad catalana, incluyendo algunas figuras que se consideran de izquierdas. CDC (PDeCAT) continúa hegemonizando la Generalitat de Catalunya, intentando influenciar sobre la movilización político-social que promueve el referéndum, centrándose en la confrontación entre el gobierno Rajoy, por un lado, y el gobierno de Junts Pel Sí, por el otro. Esta dualidad, presentada como el enfrentamiento entre España y Catalunya, es clave para su intento de movilización.
La aceptación de esta estrategia es resultado de la enorme insensibilidad del Estado borbónico hacia el carácter plurinacional de España, Estado que ha sido el mayor promotor del independentismo en Catalunya. Ni que decir tiene que este enfrentamiento asume la invariabilidad del Estado español, tesis fuertemente sostenida cuya intensidad alcanza niveles de clara hostilidad hacia los que no están de acuerdo con dicha estrategia, siendo acusados de antidemocráticos o, peor aún, de tener un escaso compromiso con Catalunya, tal como hizo Pilar Rahola, el personaje mediático más parecido a Eduardo Inda en Catalunya (grosera, maleducada, que no deja hablar al adversario y que manipula en extremo), con Xavier Domènech. Y algunas voces de izquierdas han llegado incluso a presentar tal llamada a votar en el referéndum como una continuación del 15-M en su lucha por la democracia. Tales voces parecen ignorar que el 15-M rodeó el Parlament de Catalunya, forzando al president Mas a acceder al Parlament en helicóptero, en protesta por las políticas neoliberales. Viví aquella situación, pues el 15-M me invitó a dar una charla delante del Parlament (cuando este estaba rodeado de manifestantes del 15-M) en protesta por las políticas que el gobierno había propuesto y que el Parlament iba a votar. No se pudo hacer la charla porque la policía nos expulsó. Es paradójico que ahora se pida al 15-M que rodee el Parlament, dirigido por los sucesores de Mas, para protegerlo. Además de incoherente, es absurdo que el 15-M se presente como un precedente a la movilización que se presenta mediáticamente como dirigida por un gobierno liderado por los continuadores del president Mas. Naturalmente que soy consciente que el Parlament estaría ocupado por muchas otras fuerzas políticas además del PDeCAT, pero dicho Parlament seguiría liderado por un gobierno en el que los herederos del pujolismo de siempre serían la fuerza hegemónica.

El llamado referéndum no es un referéndum

Mis comentarios críticos no son a favor o en contra de la independencia, sino sobre la manera como esta se está proponiendo, y que en parte (y solo en parte) se debe a la oposición del Estado central. La realización del referéndum requiere toda una serie de condiciones que garanticen que se realice en un contexto democrático. Democracia es mucho más que votar en unas urnas: requiere libertad democrática con pleno acceso a los medios de información por parte de las distintas opciones consideradas en el proceso de decisión que debe realizarse en el momento de votación. Existe hoy, sin embargo, una muy acentuada falta de diversidad en los medios públicos de la  Generalitat Catalunya, realidad que, por lo visto, no han percibido algunos compañeros de viaje de izquierda, que han visto recompensadas su apoyo al referéndum y su crítica a aquellas fuerzas, como Catalunya en Comú (que lo critican), gozando de un amplio espacio mediático poco accesible a las opciones que cuestionan el referéndum. En realidad, el gobierno de la Generalitat está hoy utilizando su comportamiento clientelar (dando amplios recursos financieros a los medios privados) a fin de promocionar su estrategia política. Es un caso abusivo de utilización de los medios públicos para fines partidistas.
Otra condición para que el referéndum sea considerado democrático es el principio de la mayoría, un eje rector de cualquier proceso democrático (hecho subvertido por la propuesta de Referéndum de Independencia del Govern, que convierte el principio de la mayoría por el principio de la minoría, tal como señalaré más adelante). Otras condiciones violadas por el proyecto del referéndum es el de haberse saltado el propio Estatut de Catalunya, así como el Parlament de Catalunya, que hasta ahora no ha sido consultado, basándose en una mayoría parlamentaria que no representa a la mayoría de la población catalana.

La vía antidemocrática hacia la independencia

La mayoría que el tripartito independentista (PDeCAT, ERC y la CUP) tiene en el Parlament está basada en una ley electoral que es la misma, repito, la misma, que fue transferida de España a Catalunya, sin que Convergència deseara cambiarla (como tampoco quiso cambiarla el PP). Tal ley es escasamente proporcional, y debido al sesgo conservador, dio la mayoría a unos partidos que en realidad representaban a una minoría. Tal tripartito recibió un número de votos menor que los no independentistas. Atribuirse la representación de la mayoría de la población es faltar a la verdad. Sumando los votos de los tres partidos independentistas en las elecciones del 27 de septiembre de 2015, se obtiene una cifra menor (1.966.508 votos) que sumando los votos de los no independentistas (2.147.736 votos). La mayoría proindependentista en el Parlament no se corresponde con la mayoría popular, que no es independentista.
Pero esta situación escasamente democrática alcanza su forma extrema en la Ley del Referéndum, en la cual se indica que el resultado del referéndum es vinculante (artículo 4.3), sin especificar el porcentaje mínimo de votantes. En realidad, tal ley aclara que ganará el que sume más votos (sin indicar un mínimo de participación), proclamándose la independencia cuarenta y ocho horas después de conocerse el resultado del referéndum en caso de que sea afirmativo. Lo que ello implica es que si se consiguiera el mismo porcentaje de votos a favor de la independencia sobre el número de catalanes que podrían votar que se logró el 9-N (1.861.753 votos del SÍ-SÍ sobre 5,4 millones de personas), resultaría que el número de votos a favor del SÍ representaría solo un 34% de toda la población que pudiera votar, lo cual querría decir que prácticamente dos terceras partes de los catalanes no habrían dicho SÍ a la independencia. En base a este bajísimo porcentaje se declararía la independencia en 48 horas. Ello sería un acto profundamente antidemocrático carente de credibilidad internacional.

No es un referéndum

La manera como se está utilizando el mal llamado referéndum por parte de los partidos gobernantes en la Generalitat de Catalunya conseguiría que del 80% al 90% del voto fuera a favor de la independencia, en un proceso de muy baja participación. Ocurriría lo mismo que ocurrió en el 9-N, que fue el proceso electoral en Catalunya con menor participación durante el período democrático postfranquista. Solo un 36,6% de catalanes votaron, mucho más bajo que en las elecciones autonómicas del 2012 (67,7%), que en las elecciones generales del 2011 (un 66,8%), que en el referéndum del Estatut del 2006 (48,8%) y que en las elecciones europeas del 2014 (47,6%). Que solo un tercio de los catalanes decidiera el establecimiento de la independencia no puede ser la base para que ocurra un hecho tan significativo como este. Y crearía un estallido social en Catalunya. Creerse que la mayoría de la población catalana aceptaría una decisión de tal envergadura votada solo por un tercio de la población que podría votar, es no conocer Catalunya. La pregunta que debería hacerse es por qué habría una participación tan baja en dicho referéndum, y una de las causas de ello es la identificación institucional del independentismo con el gobierno de la Generalitat de Catalunya que ha sido responsable de la crisis social que ha afectado tanto a las clases populares en Catalunya.
Naturalmente que el movimiento independentista también recoge una protesta frente a la crisis social descrita en este artículo, pero el hecho de que sea el PDeCAT hoy la fuerza dirigente en el gobierno de la Generalitat que dirige tal movilización tendría influencia en esta elevada abstención. Las clases populares son conscientes de que detrás de un supuesto conflicto España-Catalunya ha habido una alianza de las derechas españolas y catalanas que ha provocado el deterioro de su calidad de vida y bienestar. Y de ahí el enorme silencio sobre este tema en Catalunya y en España, silencio que tiene como función dar mayor visibilidad al tema nacional asumiendo que la independencia resolvería en sí la enorme crisis social, considerando, erróneamente, que el nuevo Estado tendría una vocación resolutiva de dicha crisis, lo cual es altamente cuestionable, pues dependería de los partidos que gobernaran esta Catalunya independiente. Una transición que fuera una continuación del dominio de las derechas en el Estado catalán sería la continuación de la crisis. La evidencia de que ello sería así es abrumadora.
Todas estas consideraciones quedan olvidadas en un proceso de transición claramente idealizado en el que los enormes problemas que podrían crearse, y que podrían afectar a las clases populares, quedan marginados. Es así como la derecha catalana intenta utilizar el mal llamado referéndum como una táctica electoral que se beneficia de las elevadas tensiones entre Catalunya y España, a fin de movilizar su apoyo electoral.
Esta afirmación no implica, en absoluto, que la movilización que está teniendo lugar en Catalunya a favor de la independencia sea un mero instrumento creado por los partidos gobernantes, lectura generalizada en el establishment político-mediático español. Dicho movimiento incluye muchísimas sensibilidades políticas, y como movimiento contestatario lo valoro positivamente. Ahora bien, no hay duda, desde mi punto de vista, que la manera como la Generalitat de Catalunya está intentando dirigirlo incluye un deseo de instrumentalizarlo que disminuye dramáticamente su potencial de cambio. En realidad, el independentismo, al monopolizar el soberanismo o derecho a decidir, está haciendo un flaco favor a la posibilidad de una amplia movilización de las clases populares, que no siendo independentistas, desean un cambio profundo en Catalunya y en España. El independentismo no será vehículo para realizar tales cambios.

¿Cuál debería ser la alternativa?

Creo que debería mostrarse que es imposible crear una nueva sociedad democrática a través de un instrumento claramente antidemocrático como está resultando ser el mal llamado referéndum. Considero que es esencial que las fuerzas que creen en el referéndum democrático presenten y defiendan una alternativa, ilusionante y creíble que presente una propuesta de futura Catalunya, poniendo la resolución del tema social como central en la discusión del tema nacional, indicando que aquellos que son responsables del enorme retraso social de Catalunya no pueden liderar el proceso de cambio en Catalunya, pues la nueva Catalunya que promueven sería una continuación de la ya existente. Creo que para las izquierdas es fundamental que se defina el concepto de nación, identificando nación primordialmente con la población, de la que las clases populares son la mayoría, afirmando que aquellos que aman más a Catalunya son aquellos que hacen más por las clases populares, denunciando a aquellos que se autodefinen como superpatriotas y a la vez están dañando el bienestar de la mayoría de la ciudadanía. En contra de lo que se cree, sí que hay un barómetro para definir el grado de compromiso con un país.
De ahí que es importante que las fuerzas progresistas que prioricen la justicia social, la democracia y la plurinacionalidad de España y favorables al desarrollo de un referéndum auténticamente democrático desarrollen una campaña alternativa que movilice al conjunto de la sociedad catalana y de las diferentes sociedades en el territorio español para cambiar tanto el Estado Catalán como el Estado Español de tal forma que resuelva al fin la cuestión social y nacional. Esta campaña debiera de contar con actos a los que se invite a hermanos y hermanas de las nuevas izquierdas de otras partes de España, para señalar que el derecho a decidir tenemos que ganarlo a través de la movilización de la mayoría (y no solo de una minoría) de la población catalana para crear una nueva Catalunya, y abriendo la posibilidad de realizar un cambio profundo, que tenga el apoyo de las clases populares. Para que ello ocurra, es necesario poner la resolución del tema social como prioritario, y no de una manera genérica e indirecta a través de conseguir una no realizable independencia, sino muy concreta, oponiéndose a las políticas que han sido promocionadas por el Estado español por un lado, y por la Generalitat de Catalunya por el otro. Sin un apoyo generalizado entre la clase trabajadora y otros elementos de las clases populares, no se podrá tener un auténtico referéndum democrático con una petición de cambio masivo. Este cambio será facilitado por las campañas que ya existen a lo largo del territorio español para crear una España social, justa, democrática y plurinacional. De ahí que es fundamental que, para que el proceso de cambio en Catalunya ocurra (yendo o no hacia la independencia según desee la mayoría de la población en Catalunya), haya una nueva dirección y otro liderazgo del movimiento por el derecho a decidir, basada en una amplia coalición de fuerzas de izquierdas y progresistas que defienda un programa de transformación de Catalunya (y de España). Esto no es lo que está ocurriendo ahora en Catalunya.

 
ARTÍCULO DE VICENÇ NAVARRO

sábado, 26 de agosto de 2017

LORCA Y LA RAMBLA DE BARCELONA




La calle más alegre del mundo

"La calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre: Rambla de Barcelona".

Federico García Lorca



(Hoy hace 81 años que lo asesinaron. Otros bárbaros. Tal vez los mismos).
Por Carlos Sotos
Carlos Sotos 18 de Agosto de 2017 (17:37)
Reseña de Lorca recomendada por Carlos Sotos en recuerdo de las víctimas de Barcelona y cuando se cumplen 81 años del asesinato del poeta granadino. 


martes, 15 de agosto de 2017

CARTA DE JUANA RIVAS GÓMEZ





«Hola a todos y todas,

Soy esa Juana Rivas Gómez a la que tanta gente está juzgando. Sin saber prácticamente nada de la auténtica pesadilla de terror a la cual nos estamos enfrentando mis dos hijos y yo.

No tendríamos que estar así.

Ante todo muchísimas gracias, a todos aquellos que conocéis la empatía y desde lejos y cerca nos estáis apoyando. No tengo suficientes palabras de agradecimiento, pero sí un corazón que se expande sin límites hacia las personas con humanidad.

Como dije esta ayer estoy huida, pero no siento que esté haciendo nada malo, pues la ley es la primera que se la han saltado a la torera desde el principio.

Si la ley se hubiera aplicado no estaríamos aquí.

Si la primera jueza a la que acudí en España denunciando nuestra grave situación en Italia me hubiera escuchado y hubiera enviado la denuncia inmediatamente como pone la ley, el Convenio de la Haya no estaría amenazando a mis hijos sino protegiéndolos. Pero es que ni siquiera lo admitió a trámite por error. Y resulta que la denuncia de malos tratos, que tenía que haber llegado a Italia hace más de un año todavía no ha salido de España. Por favor, comprueben que lo que digo es cierto.

Para proteger a mi hijo pequeño también pedí su custodia hace más de un año en un juzgado de familia español (la del grande ya la tengo desde 2009). Ese juzgado citó a Francesco varias veces durante meses, protegiendo su derecho a ser escuchado. Él nunca compareció. Como tampoco nunca vino a ver a sus hijos ni aportó nada para mantenerlos. ¿Cómo se explica si es tan buen padre que durante un año haga esto? Todo se puede comprobar.

Desde que vine a España, siempre, por el bien de mis hijos, he estado dispuesta a llegar a un acuerdo (por favor, pregunten a mi abogada María Castillo y al Centro de la Mujer de Maracena), pero siempre su respuesta fue que por encima de todo yo tenía que volver a Italia. ¿Cómo volver a esta vida de pesadilla para mí y para mis hijos? A ellos nunca les he hablado mal de su padre. Siempre he intentado que tuvieran buena relación. Hasta él mismo dice que siempre pudo hablar con ellos cuando quiso. ¿y saben ustedes cuándo dejo de hablar? No fue porque yo se lo negara, sino porque mi hijo de 11 años, a partir de diciembre, le dijo que no quería hablar con él porque no podía entender que su padre nos hiciera sufrir tanto.

A las citaciones a las que no vino, a las llamadas de mi abogada a las que no contestó, a los meses de pesadilla intentando formalizar la custodia de mi hijo, su respuesta fue presentar una demanda internacional como si yo hubiera raptado a los niños.

Un rapto no puede ser una mujer que huye del horror para proteger a sus hijos (sí, con la excusa de las vacaciones) ¿Cómo si no? Para poder salir del terror en el que estábamos sumergidos, y donde literalmente la vida se me estaba agotando y cerrando un camino de libertad y bienestar para mis hijos. Un maltratador nunca te va a dar el consentimiento de irte.

Y entonces empieza un nuevo calvario.

El 24 de noviembre pasado, tres días después de recibir su demanda me encuentro sentada en el banquillo de un juicio, donde se me hacen tres preguntas. “¿El padre de los niños los llevaba al colegio? ¿El padre sostenía económicamente a la familia? ¿Por qué no denuncio los hechos allí?”. Sí, el padre de los niños los llevabas muchas veces al colegio mientras yo trabajaba en el negocio familiar y era lo único que él estaba dispuesto a hacer a lo largo del día en relación a los niños. El negocio familiar estaba efectivamente a su nombre, pero pueden preguntar a cualquiera de los clientes quién hacía la limpieza, la lavandería, la comida, quién atendía a los niños, cargaba la leña, daba la cal…

A la tercera pregunta de por qué no denuncié los malos tratos en Italia, yo les digo: cualquiera con mi historia, viviendo en una casa aislada en el campo a 8 kilómetros del único pueblo de una isla pequeña en un país que no es el mío, sin ningún familiar, trabajando con mi maltratador, viviendo en casa de mi maltratador, que controla todas mis entradas y salidas, con vecinos que me dicen que los trapos sucios se lavan en casa… ¿Qué persona en esa situación va y pone una denuncia para comenzar una lucha legal contra el hombre que la maltrata psicológica y físicamente frente a sus hijos durante años? ¿Quién comenzaría una lucha legal sin apoyo ni recurso alguno?

No creo que un ser humano con todas sus capacidades humanas me diga que sí. Es muy fácil y rápido juzgar, pero pónganse por unos segundos en esa realidad. ¿Tan difícil es de entender?

Esas son las únicas preguntas que me hacen a mí. ¿y a mis hijos? ¿Qué preguntan a mis hijos?

Mi hijo mayor es “valorado” por la psicóloga del juzgado y las dos veces que sale de su despacho sale llorando. Es a partir de entonces cuando se niega a ponerse al teléfono cuando lo llama su padre. Mi hijo no quiere vivir con él. A lo sumo, dice en el Juzgado, está dispuesto a pasar vacaciones en Italia.

Los malos tratos, de los que mi hijo ha sido testigo, se acreditan. Sale en la sentencia de este proceso, lo dice la misma jueza. Por favor, compruébenlo.

A pesar de todo esto dicen que mis hijos se tienen que ir.

¿Cómo puede ser que a mis hijos, españoles, en España, cuya ley entiende que son víctimas del maltrato y que por eso hay que protegerlos especialmente, se les condene a ser enviados sin demora con el maltratador a otro país? ¿Cómo puede ser, sin embargo, que la denuncia de maltrato de julio del año pasado, cuya resolución les habría protegido, todavía no se haya mandado en agosto de este año? ¿Cómo puede ser que el sistema que debería protegernos se use para dañarnos?

¿cómo es posible que mi hijo haya sido valorado por una psicóloga, que ni siquiera está colegiada, cuando en la ley española se dice que en estos casos deben intervenir varios profesionales especializados en violencia de género? Mi hijo relató a la psicóloga cosas de terror y no aparecen en el informe. Y sin embargo él salía llorando de impotencia. ¿Por qué le están haciendo pasar por este calvario? ¿Por qué no protegen a mis hijos?

Cada situación violenta que desencadenaba este hombre era de puertas para dentro, pero nunca se privaba de que los niños no estuviesen delante, incluso mi hijo recibió algún golpe intentando defenderme. El seguía a su padre cuando me encerraba para ver donde escondía las llaves tanto de casa como del coche, y pobrecito mío en muchas ocasiones me las traía y decía -mamá, ¡escapa!

También un día lo dejo encerrado fuera en el campo sin luz y con mucho frio durante dos horas que yo conseguí bajar al pueblo y eso lo hacía para hacerme daño a mí, para que no saliera.

Él siempre me decía que era una desgraciada y que él tenía dinero para enterrarme judicialmente, que allí lo tenía todo perdido con sus contactos.

Os puedo asegurar que esto no es ser un buen padre, este hombre me decía los peores insultos e incluso me escupía en la cara delante de mis hijos.

Son infinitas las veces que en mi mente se reproducen las imágenes de mis hijos aterrorizados abrazándome en llantos inconsolables, no comprendían que pasaba y sentían mucho miedo.

¡Podría contar tantas cosas!

He escrito diez folios, pero es demasiado largo. Ojalá me los pidiera un juez. Yo no pido que los jueces cambien sin más de opinión, solo pido que se valore adecuadamente mi situación y la de mis hijos. Que hasta ahora no se ha hecho.

¿De verdad piensan que yo puedo entregarlos?

Quiero darle este mensaje a la jueza de la instancia n 3 de Granada, por favor si en su mano aún queda algo en lo que nos pueda ayudar. Que lo haga por favor. Que está todo documentado. Y que tanto mis hijos como yo merecemos un respeto.

Que aquí lo importante son mis hijos que están en peligro por errores judiciales.

Quiero pedir a esta juez y a todo aquel que nos pueda juzgar que encamine este proceso hacia la cordura, hacia la coherencia. Mis hijos están en peligro si dejamos caminar esta injusticia que nos está martirizando.

Señores jueces, lo que estoy haciendo no es un desafío, es supervivencia. Legalmente lo he intentado todo y no me han dejado otro camino. Esconderme es la única forma que he encontrado a mi alcance como madre para proteger las joyas más preciadas de mi vida. Pero no puede ser para siempre. Por favor, paren esta locura.

Por favor, pónganse en mi lugar.

Juana Rivas Gómez

Granada, 14 de agosto de 2017»



CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA
 

Artículo 117
    1. La justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley.
    2. Los Jueces y Magistrados no podrán ser separados, suspendidos, trasladados ni jubilados, sino por alguna de las causas y con las garantías previstas en la ley.
    3. El ejercicio de la potestad jurisdiccional en todo tipo de procesos, juzgando y haciendo ejecutar lo juzgado, corresponde exclusivamente a los Juzgados y Tribunales determinados por las leyes, según las normas de competencia y procedimiento que las mismas establezcan.
    4. Los Juzgados y Tribunales no ejercerán más funciones que las señaladas en el apartado anterior y las que expresamente les sean atribuidas por ley en garantía de cualquier derecho.
    5. El principio de unidad jurisdiccional es la base de la organización y funcionamiento de los Tribunales. La ley regulará el ejercicio de la jurisdicción militar en el ámbito estrictamente castrense y en los supuestos de estado de sitio, de acuerdo con los principios de la Constitución.
    6. Se prohíben los Tribunales de excepción.

lunes, 31 de julio de 2017

"YA NO HAY FORMA DIVINA NI HUMANA DE IMPEDIR UN REFÉRENDUM"



Nicolas Tomás
Foto: Cedida
Barcelona. Domingo, 30 de julio de 2017




Aún no está acostumbrado a las entrevistas, dice. Ocasiones, sin embargo, no le han faltado. José Luis Villacañas (Úbeda, 1955), catedrático de Historia de la Filosofía Española en la Universidad Complutense de Madrid, ha escrito desde los años ochenta una trententa de obras de ensayo e historia, tres novelas e incluso un libro de poesía. Su última obra es El lento aprendizaje de Podemos (Catarata, 2017), pero antes ha publicado otros como Populismo (La Huerta Grande, 2015) o Historia del poder político en España (RBA, 2014).
En este último libro es donde trata de una forma más amplia la cuestión nacional en las "tierras hispánicas", término que usa a menudo para referirse a España. En su opinión, un referéndum de autodeterminación en Catalunya ya es inevitable. El actual conflicto no lo entiende sin la voluntad del aznarismo por revertir el Estado de las autonomías. Su propuesta: un reconocimiento integral de la nación catalana, también de la nación política catalana.




En su libro Historia del poder político en España asegura que "la llamada historia nacional es un producto imaginario".
La historia nacional no es un producto científico. Cualquiera que mire la evolución del sistema de poderes europeo, se dará cuenta de que en el fondo sólo es un imaginario. Los flujos reales de poder nunca están organizados sobre la base de una estructura nacional. Ni siquiera en el momento álgido de la Revolución Francesa. La historia del poder es la historia de los sistemas de poder. Historia nacional sólo se podría hacer sobre abstracciones. Esto en términos generales.
¿Y en el caso español?
En el caso de las tierras hispánicas, es muy difícil. La historia de Hispania se entiende mucho mejor desde el punto de vista de procesos federales o confederales que desde el punto de vista nacional. En este caso, la historia nacional sería una doble abstracción: no sólo tendría que desconocer los flujos de poderes de los sistemas europeos, sino también los flujos de poderes internos. Desde prácticamente el final del reino de los godos no hay forma de exponer la historia de las tierras hispánicas como una historia nacional. No hay ni bases étnicas unitarias en el origen, ni lingüísticas, ni culturales.



¿Debería hacerse una historia castellana, otra catalana, otra vasca...?
Lo que deberíamos hacer es una historia del sistema de poderes hispánicos. Es lo que yo intenté en La formación de los reinos hispánicos [Espasa Calpe, 2006]. También sería absurdo hacer una historia abstracta de Galicia o el País Vasco. Otra cosa es que no sea posible hacer una historia de los sistemas hispánicos de poder al margen de los flujos de poder con Aquitania, la Provenza o el imperio carolingio.
Es imposible hacer una historia separada del señorío de Vizcaya sin recordar que los señores de Vizcaya llevaban la bandera y eran los alférez de la hueste castellana. También sería difícil hacer una historia de Catalunya sin ver que está permanentemente a caballo entre las realidades tardoimperiales, las provenzales y las aragonesas. Una historia del poder es una historia de realidades, concreciones y singularidades, no de abstracciones.
También hace una distinción entre nación existencial y nación constituyente.
La distinción es sencilla. El único instante en el que podemos hablar en términos conceptuales de España como nación existencial es en 1808. Por diferentes motivos, tradiciones y visiones de las cosas, los pueblos hispánicos, todos ellos, se levantan contra el poder de Napoleón...
Que en España se conoce guerra de Independencia y en Catalunya más bien como guerra del francés.
Sí. Pero ahí hay una diferencia amigo/enemigo. La nación existencial se basa esencialmente en la capacidad de unificar a la población sobre esa diferencia. Ahora bien, el pueblo en armas contra el francés, en modo alguno implica que tuviera detrás un pueblo unificado en el sentido de un poder constituyente. El pueblo en armas que resiste a Napoleón no es el pueblo unificado en las Cortes de Cádiz. Pudo existir en un momento determinado la nación existencial, pero eso no implica la existencia de un poder constituyente reconocido, firme, unitario, consensuado, en condiciones de tener criterios homogéneos y unificados acerca de la Constitución.
Y lo que sucede en Cádiz es impugnado. En el fondo no tiene un verdadero respaldo en la nación existencial. Y eso es lo que hace que, tan pronto regrese el rey Fernando, quede neutralizada como Constitución. La nación existencial no tuvo como fruto una Constitución con bases populares reales.
Desde 1978 España se ha caracterizado por una ansiedad muy especial acerca de aquello que la une


¿España es entonces una nación incompleta?
Yo le llamo “nación tardía”. Llega a la configuración de un Estado con criterios democráticos muy después que el prestigio del Estado haya tenido lugar. El Estado unitario, el Estado como una idea mística de sí mismo, el Estado como una estructura casi religiosa de convicción en él, tiene lugar en el siglo XVII con la Revolución Gloriosa inglesa, o con Luis XIV en Francia. Cuando los Estados son muy tardíos, y están muy lejanos de ese momento, tenemos una nación tardía. Y esta nación tardía se caracteriza por una ansiedad muy especial acerca de aquello que la une. Y creo que esa ansiedad es la que ha caracterizado España desde 1978.
Usted defiende que Catalunya es una nación, pero no todo el mundo lo tiene tan claro.
Es una nación que culmina su autoperfección nacional muy temprano. En los discursos en las Cortes de 1410, Martí l'Humà es capaz de tener una percepción de la propia historia y las propias instituciones, de darse cuenta de aquello que efectivamente une a sus territorios. Bajo ningún concepto se puede negar que Catalunya es una nación política, no sólo cultural. Lo es desde hace muchísimo tiempo. Fue una república coronada hasta 1714.
 

¿El Estado de las autonomías rebajó las aspiraciones de nación política a nación cultural?
La Constitución del 78 es ambigua, como es lógico, para salir de una dictadura. No tuvo problemas en reconocer la legitimidad de Tarradellas, y recondujo esa estructura de legitimidad propia y originaria de la Generalitat al concepto de nacionalidad. Ese concepto fue obra fundamentalmente de Herrero de Miñón, muy inspirado en el concepto de "fragmentos de soberanía" de Georg Jellinek. La Constitución del 78 fue aceptada por catalanes y vascos justamente porque permitía el reconocimiento de estos fragmentos de soberanía.
La evolución de la Constitución, sin embargo, no ha sido fiel a ese espíritu. Se ha pretendido reducir al mínimo todo el significado de lo que pueda ser una nacionalidad, en aras de una homogeneidad que por primera vez el Estado español tiene suficiente poder para imponer. Esto atenta contra el espíritu de la Constitución del 78. Por eso es necesario un ajuste, si se quiere estar en condiciones de ofrecer una salida a Catalunya.
¿En qué momento nace el actual conflicto catalán?
Viene de la segunda legislatura de Aznar, cuando considera que el artículo octavo de la Constitución tiene que ser reinterpretado desde un punto de vista centralizador. La aspiración fundamental de la derecha española es reducir Catalunya a una región, cosa que nunca ha sido en la historia. Es lo que hace encender todas las alarmas y genera la necesidad de reformar el Estatut para garantizar el estatuto de nación. Catalunya reivindica algo que no es contrario al espíritu de la Constitución: su dimensión política de nación. Y esto es lo que genera luego la impugnación del PP en el Tribunal Constitucional.
Usted ha defendido que la respuesta del PP al Estatut fue porque se le excluyó. ¿Fue una especie de venganza?
La reacción catalana consistió en ofrecer un Estatut reforzado. Y para ofrecer el Estatut reforzado se cometió el error de excluir al PP. Fue un error, pero fue un error mucho más monumental llevar ese acuerdo plebiscitario del pueblo catalán (acordado con las Cortes españolas) al Tribunal Constitucional. Eso sí que fue una venganza estéril. Si el PP no pudo intervenir en el Estatut se debía a su propia irrelevancia en Catalunya. Es una venganza inútil, porque eso no va a mayores oportunidades de intervención del PP en Catalunya, sino que genera el inicio de ese proceso destructivo.
La aspiración fundamental de la derecha española es reducir Catalunya a una región, cosa que nunca ha sido en la historia

 
¿Sigue vigente esa aspiración de la derecha española?
Sigue vigente. Es su programa. No me cabe la menor duda. De hecho, si usted en un momento determinado le pregunta a cualquier seguidor de Ciudadanos qué significa en la Constitución el término ‘nacionalidad’, no sabrá responder. Porque en el fondo solamente ven regiones. Pero es engañarse respecto de lo que ha sido siempre Catalunya. Si no sabemos qué es Catalunya, en el fondo no sabemos qué es España. El gobierno español se autoengaña cuando aspira a ofrecer a Catalunya un estatuto de región.
¿Cómo ve hoy la situación del conflicto?
De un modo triste y desesperanzado. Todo lo que estamos viendo es poner obstáculos, tanto desde el punto de vista del inmovilismo del gobierno español como desde la voluntad de saltarse el estado de derecho de los independentistas. Como es natural, no puedo estar ni con una fuerza ni con la otra. Ahora bien, creo que la única manera de pactar una relación de Estatut es mediante una transformación clara de la Constitución.
Esa Constitución debe establecer que haya minorías suficientes en el Senado en condiciones de garantizar que la legislación central no invade competencias de las comunidades. En este sentido, una reforma que conceda a Catalunya minorías de bloqueo para la legislación central, y que por lo tanto obligue a negociar, sería la única manera de evitar lo que hemos visto: que un decreto ley como el del señor Wert pueda anular de facto toda la legislación legítima y legal de Catalunya sobre educación.
¿Cómo se da salida a la aspiración de nación política?
Muchos catalanes se sentirían reconfortados si el Estado español les ofreciera lo que Catalunya ha sido siempre. Esto es, una estructura de poder propio que ha contado con sus instituciones ejecutivas, legislativas y judiciales, con sus instituciones de Hacienda, con sus instituciones consulares a lo largo de todo el Mediterráneo y buena parte de Europa, y con suficiente poder como para que no se le impongan legislaciones externas. Reconocer que ese fue hasta 1714 el estatuto de Catalunya, que ha sido siempre una república coronada, sería lo único que estaría más allá de las ocurrencias de última hora y subjetivas de unos y otros.
¿Se ha llegado a un punto en el que el referéndum ya es inevitable?
Desde luego. El referéndum es imprescindible. Estoy completamente convencido de ello. Un referéndum es legítimo y legal, pero no creo que pueda decirse eso del referéndum del 1 de octubre. Ya no hay forma divina ni humana de impedir un referéndum: los catalanes deben ejercer su derecho a autodeterminarse respecto del Estado español.
 Sólo ahora el pueblo catalán está en condiciones de desaparecer ante la Historia


Si el problema sigue enquistado, ¿se puede llegar a un punto de no retorno?
Pues sí. Y además, el Estado español nunca ha tenido más fuerza homogeneizadora que en estos momentos. Sólo ahora el pueblo catalán está en condiciones de desaparecer ante la Historia. Ha estado prácticamente un milenio sin correr un peligro existencial, porque el Estado español no tenía fuerza homogeneizadora. Ahora sí la tiene, y por lo tanto tiene que dar más garantías a Catalunya de las que dio en el 78. Forma parte de los pactos constitucionales defender a la minoría catalana y garantizar la existencia del pueblo catalán.
Ahora bien, si Catalunya, viendo que por primera vez está en peligro existencial, lleva al Estado español a estar igualmente en ese peligro, es un juego de destrucción recíproca. Lo  que haya de sensato y sereno en los pueblos catalán y español no debería jugar a eso.




¿Puede haber más Catalunyas?
¿A qué se refiere con eso?
A que se reproduzca el problema, por ejemplo en el País Vasco.
No lo veo. El País Vasco tiene un régimen fiscal y una estructura completamente diferente a la estructura catalana. Es una estructura muy compleja y equilibrada. La clase política del PNV, que en mi opinión es la más solvente del Estado, sabe manejar la situación y encontrarse cómoda justamente porque desde el punto de vista político tiene una inmensa capacidad de reproducirse y caminar generación tras generación. Su situación fiscal es muy cómoda.
Catalunya es completamente diferente. Catalunya, que es el motor europeo del Estado, mira cómo ha evolucionado el Estado en los últimos 30 años y sólo puede concluir que no ha habido un beneficio justo y equilibrado. El País Vasco no tiene necesidad de reequilibrar el Estado.
Salvando las distancias, en el País Valenciano se están reproduciendo algunos de los malestares catalanes.
Desde luego, el País Valenciano tiene los mismos motivos objetivos que Catalunya para sentirse discriminado por el Estado español. Pero hay una diferencia fundamental: la mayoría de la población valenciana durante 20 años ha votado con mayorías absolutas a un partido que tenía como aspiración fundamental convertirse junto a Madrid en la punta de lanza de la especulación urbanística. Es un país descapitalizado por el Partido Popular.
En este sentido, es muy difícil generar una dirigencia valenciana capaz de poner encima de la mesa la necesidad de reequilibrar la financiación. El País Valenciano tiene objetivamente los mismos elementos para sentirse discriminado, pero no tiene la misma fuerza política para exigir un trato diferente. Catalunya tiene la capacidad de producir un conflicto. Valencia, no.
¿Qué es el populismo para usted?
En primer lugar, un momento de politización fuerte y dura producida por una crisis de representación. En este sentido, implicando un cambio de élites, discurso, retórica y motivaciones políticas, es saludable para la vida democrática. Otra cosa es cuando esa renovación aspira a la configuración de un sistema presidencialista que viole las reglas de la división de poderes. Entonces pasa a convertirse en un sistema político que no puede mantener las estructuras civilizadas y civilizatorias del estado de derecho.
Yo he defendido la necesidad en España de un momento populista, porque evidentemente nuestra clase política convencional y tradicional ha defraudado la expectativa de representación democrática. Pero ese momento populista debía encontrar el camino hacia un republicanismo cívico. Un momento republicano que reconozca la articulación plural, heterogénea, compleja de una sociedad avanzada. Esto se ve poco a poco en Podemos.
Los discursos de Susana Díaz o Rita Barberà también eran profundamente populistas, pero era nuestro populismo convencional



¿Podemos son los únicos populistas?
No. Podemos supo reconducir hacia valores y estructuras democráticas un malestar que en un momento determinado implicó prácticamente al 70% de la población española. Yo aprecié de una manera más inquietante la forma en que los viejos partidos intentaron desprestigiar a Podemos, la manera en que se criminalizaron muchas cosas. Activó un populismo latente más intransigente. Los discursos que en buena medida hacían PP y PSOE, estaban indudablemente basados sobre estructuras sentimentales populistas. Pienso en los discursos de Susana Díaz o Rita Barberà. Eran profundamente populistas, pero era nuestro populismo convencional, arcaico.
Su último libro se llama El lento aprendizaje de Podemos. Cuando ha llegado a las instituciones, ¿se han dado cuenta de que las cosas eran distintas?
Una buena parte de Podemos se ha dado cuenta de que son distintas. Esa buena parte de Podemos se da cuenta de que manejar un Estado es una cosa muy complicada y requiere mucho estudio, trabajo, entusiasmo, capacidad de aprender... La derecha ganará siempre en este país si el saber del Estado es su monopolio. Podemos sabe que si no es capaz de convencer a sus cuadros de que esto conlleva un esfuerzo muy largo y un aprendizaje muy lento, entonces no tendrá garantías de recibir el apoyo masivo de los españoles.


¿El régimen del 78 está en crisis, como se acostumbra a decir?
Lo he discutido con mucha gente de Podemos. En mi opinión, la crisis del 78 es una crisis de representación, no de sistema. Para que hubiera crisis de sistema tendría que haberse producido un hundimiento mucho más generalizado de las clases medias. Las clases medias españolas tienen dos características fundamentales: son muy débiles pero son muy resistentes. Saben que tienen que preservar mucho de lo que tienen, y saben que vienen de una tradición muy breve, pero todavía creen en los valores emancipatorios de la democracia.
Esto es lo que caracteriza a Podemos frente a otros movimientos que han surgido en Europa. En España Podemos se suma a la ola de la creencia masiva por parte de los españoles de que la vida democrática es vida de emancipación. Aunque hemos estado a punto de estar en una crisis de sistema, seguimos en una crisis de representación muy fuerte. Pero mientras el problema de Catalunya no se solucione, la crisis de representación en cualquier momento puede convertirse en una crisis de sistema.
¿Una reforma constitucional es ya inevitable?
Este año se cumplen 500 años de la Reforma de Lutero. Lutero, si es algo, es el maestro que nos dice que en determinadas situaciones las instituciones no pueden sobrevivir. Y es mucho más listo, inteligente, generar una percepción de que es necesario reformar que encasillarse en la defensa de lo inerte y lo muerto. Este país nunca ha tenido una reforma constitucional. No sabe lo que es eso. La Constitución española hay que reformarla de arriba abajo, de esto no cabe la menor duda, si España quiere sobrevivir como democracia en los próximos 40 años.
Aún sigue habiendo muchas reticencias a esta reforma federal de España, a derecha e izquierda, desde la FAES hasta Susana Díaz.
Bueno, yo no diría que Susana Díaz es de izquierdas. Más allá de eso, lo que hay es una mentalidad que no maneja el espíritu de reforma, que no está en condiciones de darse cuenta por su inseguridad, debilidad y angustia, propias de la nación tardía. Cree que ya lo ha conseguido todo, que ya no puede ceder más sin ponerse en peligro. Esa apertura al futuro confiada y serena, esa estabilidad de un pueblo maduro, España no lo ha conocido en la historia. Y creo que estamos en ese momento: de aprender o de volver a padecer todas las tragedias que hemos conocido justo por la incapacidad de reformarnos.




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Editor: Pedro Taracena Gil